jueves, 1 de septiembre de 2011

El misterio del tiempo: Roman Opalka



Suelo leer la sección de Obituarios de El País. Hay veces que los articulistas escriben auténticos textos creativos evocando la figura del personaje desaparecido. El día 31 de agosto, leí un texto insospechadamente hermoso firmado por Nacho Meneses. Lo enlazo para que tengáis ocasión de apreciarlo. En él se glosa la personalidad y la filosofía de un artista de origen polaco -Roman Opalka- afincado en Francia al que no le gustaba viajar. Dedicó su vida a algo que, cuando lo conocí, me conmovió profundamente. Desde 1965 pintó 233 cuadros siempre del mismo tamaño,  a los cuales llamaba detalles. En ellos escribía una secuencia de números que se iniciaron en el 1 hasta llegar al final de su vida al número 5607249. En cada detalle pintaba unos veinte o treinta mil números con un pincel del número cero, siempre del mismo tamaño. Comenzó con pintura blanca sobre fondo negro, luego pasó al fondo gris, y hacia 1972 empezó a aclarar el lienzo un uno por ciento cada año hasta llegar al blanco sobre blanco. 

Al final de cada sesión se fotografiaba siempre en la misma posición y con la misma iluminación con lo que se ha registrado su envejecimiento a lo largo de 46 años hasta que el 6 de agosto, murió Roman Opalka en Roma. Es la secuencia de autorretratos



Su obra artística es una secuencia orgánica de números y su ejercicio filosófico una densa meditación sobre el infinito, el misterio del tiempo y la muerte. Estamos a punto de no ser mientras somos. En este equilibrio inestable transcurre nuestra vida.

No sé por qué me ha conmovido tanto la aventura existencial y artística de alguien que se limitó -eso sí apasionadamente- a lo largo de casi medio siglo a pintar secuencias de números que por necesidad habrían de tener un final como así ha sido. Opalka, ya muy débil al final de su vida, pintaba incluso por la noche apenas pudiendo sostener el botecito de pintura y el pincel del número cero. Todo está documentado ya que a partir de 1972 empezó a grabarse la voz recitando los números que iba escribiendo, de modo que dejó constancia del cambio de timbre y modulación que en su voz tuvieron lugar  a lo largo de las cinco décadas, hasta cuarenta y seis años, haciendo siempre lo mismo con una obstinación enamorada. Son los mismos Episodios Nacionales que publicó Benito Pérez Galdós, y en el fondo me parecen igualmente tareas titánicas que pueden parecer carentes de sentido. Pero a mí me parece que lo tienen y muy profundo. Cada cuadro es diferente, cada número responde a un instante distinto de su vida, cada color revela un año más hasta llegar al blanco sobre blanco, proximidad quizás del infinito en su mayor cercanía a la muerte. Es una obra de arte equivalente a la vida, es la vida misma contemplada en su devenir, tal vez con una percepción mística en la fusión del ser humano, el tiempo y la infinitud. No sé si Frikosal, entendería esta obra como "espiritual" en el sentido profundo del término, sin necesidad de Dios, abierta a la oscuridad y a la luz o a la totalidad. 

No hay nada como proponerse algo aparentemente absurdo y llevarlo hasta sus últimas consecuencias durante toda una vida. ¿Para qué? ¿Para qué diablos escribía números? ¿Hay algo imaginativo en ello?  ¿Cuántos números podría llegar a escribir? Ese número último era el misterio supremo, lo que toda su vida había anhelado alcanzar y aparece así cargado de densidad y a la vez es absolutamente trivial. Aquello no tenía ningún sentido tal vez, o tal vez sí. No sé. Considero aquello como una hazaña extraordinaria equiparable a los descubrimientos de los grandes viajeros que llegaron al corazón de África o al polo pero sin moverse de su estudio. Odiaba viajar. Me hubiera gustado conocerle en persona y asistir a la elaboración de uno de sus detalles, en silencio, mientras él recitaba dígito a dígito y pintaba a la vez. Tal vez alcanzó el vacío mientras pintaba. No he leído nada sobre él salvo el artículo arriba citado. Es difícil saber qué tipo de artista fue. Otro artista catalán -Joan Brossa- utilizó el alfabeto como elemento de reflexión artística y filosófica. Sus poemas visuales eran letras, especialmente la A. No era pintor, esto siempre quiso dejarlo claro. Opalka tal vez tampoco fue pintor, pero no me cabe duda de que fue un gran artista. No he visto, obviamente ninguno de sus cuadros, pero el solo relato de su epopeya me ha emocionado y no sé muy bien por qué. Si el objeto del arte es provocar una emoción estética o filosófica, Joan Brossa y Roman Opalka, lo han conseguido conmigo.

¿Qué opináis? 

34 comentarios:

  1. Es algo hermoso, al menos así lo he sentido. Me gustaría ver alguna exposición suya. Y es curioso que descubras a este "pintor" en estos días pues también he descubierto yo a uno que ya está extinto y me ha atraído sin duda. Manuel Viola del grupo El Paso.

    Su pintura parece un ejercicio místico de aislamiento, no le gustaba viajar porque ya viajaba interiormente todos los días (o al menos cuando pintaba, o creaba). Cada persona es un microuniverso, y en el suyo propio se descubrió de esta forma. ¿Cómo sería un ejercicio de creación eterno (dentro de nuestra fugacidad) para cada uno de nosotros?

    Es muy interesante la reflexión sobre el tiempo, somos y estamos a punto de no ser. Parece una postura liberadora, aunque no sé cómo sería para Opalka. A mi me resulta algo tan obvio que lo pasamos desapercibido. Esos números hablan de una vida: ¿qué pasó por su cabeza en el número 10095? ¿qué color era mas de su gusto en el 567? ¿disfrutaría de la compañía femenina tras el 67891?

    Excelente el post, un abrazo Joselu

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  2. José Antonio Cabrera Oliva, desde que descubrí a Opalka se ha adueñado de mi imaginación. No me imagino una voluntad tan poderosa como la que llevó a Opalka a empezar a los 34 años a escribir números y que ha llevado a cabo durante el resto de su vida. Pienso que tiene mucho de simbólico y su absorbente dedicación es misteriosa. Nadie sabrá que sintió al escribir el 10095 o el color que prefería en el 567 en que utilizaba el blanco sobre negro. Pero es lo mismo en cada instante de nuestra vida que parece trivial pero cada uno de las nuestras encubre un proceso enigmático y espiritual. Me pongo a investigar a Manuel Viola. No sé nada de él. Tu comentario me ha acompañado cuando ya pensaba que nadie se animaría a escribir sobre Opalka.

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  3. Pintar el infinito: qué maravillosa locura.

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  4. Pues no sé que decirte JOSELU,

    efectivamente resulta conmovedora la historia, obra y vida de este hombre del que hablas, Opalka. Reconozco que una tenacidad y dedicación tan absolutamente increíble como la suya, no deja de ser cuando menos sorprendente y es muy probable que su labor, sea única en la historia.

    Pero a la vez, dejando claro por delante mi absoluta ignorancia, tanto de la obra, como de la vida de este artista, me parece que en un comportamiento como el suyo, hay mucho de obsesión patológica. Es imposible que una persona dedique su existencia a una tarea tan meticulosa, rutinaria y titánica si no subyace un punto de obsesión compulsiva.

    En todo caso, a mi el tiempo vivido así, casi me parece algo terrible, en el sentido de ir observando al milímetro el deterioro corporal sufrido por una persona... yo creo que me he perdido algo importante de esta historia, seguro que tiene una explicación profunda que se me escapa.

    Es muy probable, casi seguro que no sea el caso y que en mi ignorancia, sea tremenda injusta con mi valoración de lo hecho por este hombre, pero en una ocasión conocí a una persona que dedicó horas y horas a lo largo de toda su vida a fabricar pajaritas de papel... tenía cientos de miles de todos lo colores y tamaños, un día comenzó a hacerlas y ya nunca pudo parar...era un enfermo psiquiátrico.

    Quizá por eso, ahora al leer que este hombre se pasó su vida haciendo pequeños cuadritos de números, mientras gravaba su evolución en el tiempo, me lo ha recordado.

    A veces la mente humana es tan compleja, que habría que hacer un estudio a fondo de casi todo, para saber realmente lo que tenemos delante, si un genio o un loco... quizá ambos sean caras de una misma realidad, no lo sé.


    En todo caso, mil gracias por tu historia y por darnos a conocer ( al menos a mi) a este personaje tan singular.

    Un beso grande JOSELU y ¡¡muy feliz finde!!

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  5. María, esperaba tu comentario y en cierta medida no me sorprende y pones el dedo en la llaga al considerar esta pasión como una patología: ese afán inusitado de contar y registrar el tiempo, número a número en una secuencia que aspiraba al infinito. Desde luego, muy normal no era, ja, ja, ja… Te sigo escribiendo después. Voy a ver La piel que habito de Almodóvar que retrata, si no estoy mal informado, también un proceso patológico. Besos.

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  6. Gracias por compartir tu descubrimiento. No se si me gusta más lo que dices o como lo dices. En cualquiera de los casos la experiencia de este pintor transmite emoción y calma. Parece que su experiencia llevaba implicito su final. Después del blanco sobre blanco, qué más?

    Un beso. Anna

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  7. Gracias, Joselu, por darnos a conocer la vida y la muerte de Opalka. Sí es asombroso su empeño, sí: atrapar el tiempo -así lo entiendo yo- a través de la pintura, de la fotografía, incluso del sonido. Cuarenta y seis años registrando todo ese proceso para qué, para quién y, sobre todo, por qué...
    Patología, genialidad, locura, arte, enfermedad... no sé, a mí también me ha emocionado. No lo entiendo; no me importa. Me ha emocionado...

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  8. Un placer leerte de nuevo, Joselu, de verdad. Se te echaba de menos...
    Yo no sé que pensar de Opalka. Por un lado su comportmiento, como dice María, tiene un viso patológico...esa obsesión por registrar año tras año el tiempo de manera casi compulsiva...ese dejarse ir en el intento...pero por otro no me parece que sea tan diferente a aquellas personas que llevan una pasión al límite: pintar, escribir, actuar...dejándose en ello la vida misma. Al final, qué más da que fueran números o figuras o esculturas...Si buceáramos en nuestra mismidad nos asustaríamos lo que ahí, en esa zona oscura vive de manera soterrada. Lo que pasa es que nuestro miedo, nuestro propio afán de supervivencia nos lo impide tantas veces...
    Muy bella la historia. Gracias.
    Un abrazo.

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  9. No cabe duda de que los seres afines se descubren que lo son en pequeños detalles como el interés por el "artista de los números", por el arrebatado por un amor "fou" hermosísimo. Tu interés, Joselu, fue también el mío, aunque yo no he progresado en la indagación cmo tú lo has hecho, lo cual te agradecemos tus lectores. Un acto poético. Su vida y su obra. Suma a Kant, Mallarmé, Breton, Juan de la Cruz, Dreyer... Para darse cuenta de la profundidad de su acto poético sólo hay que leer la crítica que hace hoy Boyero a la última película de Almodóvar, donde desnuda al manchego y lo muestra en toda su cruda mediocridad.
    Lo más parecido a la obra del "numerero" -permítaseme la jocosidad- lo viví en el MOMA de N.Y. donde han dedicado una sala a anotar la altura de cuantos se prestan a que recojan su nombre, el conjunto de los cuales forma una banda en las paredes de la sala muy sugestiva.

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  10. Bueno, lo cierto es que a mí tampoco me entusiasman los viajes. La historia de Roman Opalka me recuerda a la de pintor Plasson, de “Océano mar” (Antonio Baricco) que pintaba solamente cuadros del mar… ¡Y eran cuadros de color blanco!, algunos, sólo algunos, con un leve “detalle”. También, la de Auggie Wren (Harvey Keitel), el estanquero de Brooklyn que personifica la rocambolesca historia de cómo consiguió su cámara fotográfica y de por qué se decidió a elaborar su singular colección de fotografías: el mismo encuadre de la casa de enfrente a lo largo de 14 años, en “Smoke”, la película “escrita” y dirigida por Paul Auster…. Creo personalmente que los que buscamos sin brújula nos movemos necesariamente entre lo real y lo onírico… y a veces también necesitamos lo “aparentemente absurdo” como tu muy bien dices.

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  11. María, vuelvo a ti, tras releer tu comentario de ayer. Creo que centras muy bien la cuestión, no vas desencaminada en señalar la dualidad patología-genialidad que con alguna frecuencia van unidas. ¿Cuándo una pasión nuestra se convierte en una patología? ¿El componente patológico puede ayudar a iluminar aspectos que pasan desapercibidos a una mente llamémosle sana? Es cierto que la mente humana es sumamente compleja, y el arte y, por ende, los artistas, se inmiscuyen en terrenos en los que no nos atrevemos a entrar los que nos consideramos "normales"!, salvo cuando nos sumergimos en los sueños nocturnos, donde se desata nuestro inconsciente con una dosis de creatividad que asombra al hombrecito que somos en la vigilia diurna. El artista mediante su arte sondea estos territorios inciertos, utilizando el lenguaje simbólico, recorre los límites de los que tiene vocación y con su práctica contribuye a iluminar lo que nosotros, los sensatos, no nos atrevemos a hacer. Escribir números, hacer pajaritas a miles, retratar el deterioro físico e infinidad de prospecciones en el mundo de las fronteras patológicas ha llevado a que podamos comprender mejor nuestro universo íntimo y nuestra relación y esencia temporal abocada a la desaparición. Reflexionar sobre ello, meditar sobre ello, puede ser considerado algo extraño, especialmente cuando se visualiza en una vocación monótona, titánica, condenada al fracaso, pues el infinito no llega para nosotros más allá de cinco millones y pico… Esa es la duración de nuestra vida. Eso nos ha mostrado Opalka, y no sé si lo ha hecho bien, pero lo cierto es que su experiencia me ha emocionado. A otros les emociona un gol de Messi o de Cristiano Ronaldo. A mí su aventura espiritual, su epopeya íntima, tan sin sentido, tan absurda, me ha llevado a creer de nuevo en las posibilidades del arte como elemento que se atreve a contemplar o a intuir al menos la totalidad, aunque, es cierto, que nos introduce en zonas oscuras de lo patológico. Pero ¿por qué no? ¿Acaso nuestra mejor obra de la literatura española no es la descripción de un proceso patológico? Besos.

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  12. the teacher, el juego y armonía de los colores es sumamente interesante empezando con el negro sobre blanco, gris y progresivo aclaramiento hasta llegar al blanco como fondo, que se identifica con el blanco de la escritura. El blanco es el color del conocimiento, de la muerte, el acceso a la transparencia… Jorge Manrique y los grandes clásicos lo dijeron de otra manera pero en esencia era lo mismo… Un beso.

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  13. Marcos Cadenato, desde que leí la crónica necrológica sentí una poderosa emoción y me sentí impelido a escribir sobre ello aunque muchos lectores no se hayan sentido tentados a escribir. Ha costado mucho que llegara el primer comentario y los demás lo han hecho con cierta lentitud. No es para menos. Tú lo dices y te lo preguntas ¿Para qué? ¿Para quién? ¿Por qué? Da igual, lo cierto es que nos hace sentir una íntima emoción que me alegro de haber compartido contigo. Cuando veo una exposición artística sólo le pido que sea capaz de transmitirme alguna emoción. Me atrae el arte contemporáneo aunque en un elevado número de veces no consigue más que provocar mi aburrimiento. Me es indiferente porque cuando hay un verdadero artista detrás logra hacer nacer algo que no es fácil. El arte siempre habla de lo mismo: de la fugacidad de las cosas, del tiempo, de la muerte como fundamento existencial… Y cuando lo hace con acierto, emociona realmente.

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  14. Castilla, creo que sólo son felices los seres humanos cuando tienen una profunda vocación de algo y lo persiguen apasionadamente… Da igual si es subir ocho miles como Edurne Pasaban, hacer pajaritas de papel, escribir en un blog, pintar números sin final… Todos son ejercicios de meditación en la acción en que se es consciente del ser en tránsito y las ilusiones que nos envuelven y que constituyen nuestro mundo… Me alegro de que pongas tu universo y tu pensamiento en el blog…

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  15. Juan Poz, tienes razón en verbalizar la obra de Opalka como la realización de un acto poético… Es sobrecogedora la vocación de alguien que empezó a escribir números a los 34 años y continuó hasta su muerte a los ochenta siempre en el mismo tipo de lienzos, con el mismo número de pincel, cambiando sólo el fondo cromático y alumbrando en ese juego la dualidad existencia-esencia, permanencia y transcurso… fugacidad y ser…

    En cuanto a Almodóvar, bien sabes que soy almodovoriano y su cine me atrae aunque no llegue a ser redondo. Leí la crítica de Boyero, pero aun así persistí en mi deseo de ver La piel que habito y te aseguro que en la sala (grande y casi llena) no hubo risitas de ningún tipo durante la proyección. Es una película extraña, pero ¿qué película de Almodóvar no lo es? Tiene un universo personal muy particular que puede convencer o no… A mí la película me interesó y logró cautivarme aunque lo que plantea es algo totalmente absurdo… pero después de comentar a Opalka ¿qué importancia tiene que sea absurdo o no? Lo cierto es que en la sala había un clima de intensa atención y de sorpresa ante lo que estábamos viendo. Probablemente no pasará a la historia del cine, pero no considero inútil el tiempo que pasé viéndola. Creo que Boyero la consideró con prejuicios. El mundo de Almodóvar, como el de cualquier artista, suscita atracciones o repulsiones. Entiendo la tuya, pero cuando estrena una película desde que me fascinó con Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón… sigue siendo uno de los míos.

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  16. Cronopio, me alegra coincidir contigo en la consideración de la fuerza y lucidez de lo aparentemente absurdo. De sensateces y pragmatismo ya tenemos una buena dosis cotidiana… aunque debajo de la apariencia lógica y ordenada está siempre la tentación de lo selvático, de lo salvaje, de lo desordenado, de la caótico, de lo onírico… Al menos una parte del día nos sumergimos en los sueños y eso ayuda a reparar el daño que hace la realidad plana que nos aflige. Opalka y los artistas que citas se atrevieron a llevar a cabo una pulsión obsesiva hasta el final para gozo de los que no nos atrevemos a tanto… Probablemente en esa aparente monotonía de escribir números exista un proceso de profunda meditación y adquiera un carácter de mantra. En todo caso, me gusta, me emociona...

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  17. Hay un delicioso libro de Millás y Forges sobre números pares, impares e idiotas; uno de los relatos trata de una chica que, cansada de que tras el domingo viniese el lunes y tras diciembre, enero, se adentra en la apasionante tarea de contar números porque le han dicho que no se acaba nunca, algo que ella no acaba de creerse y que está dispuesta a confirmar. La empresa humana de abordar el infinito no sólo es espiritual (al modo de quienes se entregan al ayuno o la mortificación), sino que también tiene algo de provocación hacia esos dioses (im)posibles que nos marcan limitaciones.
    No conocía la historia de Opalka, pero ya es un referente que no olvidaré. Saludos.

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  18. A mí no me parece tan extraño, en su obra intentaba dejar constancia del paso del tiempo, ¿no? En su página pone "el finitio del infinito", por eso pienso que acabaría blanco sobre blanco tal vez.

    Si pintó cinco millones y medio de números y 223 cuadros siempre al respecto de lo mismo. No veo un 223 cuadros, sino un gran cuadro. El de su tiempo, el del tiempo de su vida. La cuestión es que yo no veo nada obsesivo en ello, nada patológico. Era su obra y ya está. En 46 años y con dedicación exclusiva podría haber pintado muchos números más. También haría otras cosas.

    Tampoco me extraña que no le gustase viajar. También lo hizo bastante, en su biografía lo pone. Si no recuerdo mal ayer leí que él y sus padres fueron deportados. Tal vez tuviese que ver con esto. O no. Quién sabe.

    Un beso, Joselu.

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  19. Antonio, me ha gustado tu interpretación del acto de contar como provocación… Probablemente no sea todo más que una inmensa broma y la obra de Opalka un acto tan poético como humorístico.

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  20. V., he visto algún video con imágenes de Opalka y me ha parecido un hombre lúcido y vitalista, con una enorme claridad sobre lo que estaba haciendo que se podría explicar como un universo en expansión continua desde el uno hasta el infinito. Te dejo en enlace al vídeo en que es entrevistado. Lamentablemente mi nivel de francés es precario y no puedo entender la totalidad. Te lo dejo OPALKA EN EL JEU DE PAUME. Tengo la impresión de que poco a poco, entre todos vamos entrando en su mundo magnético y fascinante. Un beso.

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  21. Pues a mi me tiene fascinada, enamorada y asombrada..... Me da igual que estuviera obsesionado, él tenía su meta por delante y quería llegar a ella antes de morirse. El paso del tiempo, la decrepitud de la persona con ese paso, el tiempo a través de los números, llegar al infinito.....
    Para mí ha sido un hallazgo que ya he investigado un poco pero no pienso perderlo de vista. Me siento compenetrada con su idea, para él no es un tabú la muerte, sabe que llega y lo reflexiona....
    Me hubiera gustado mucho tener una charla con él sobre lo que supone la vida, el tiempo y la muerte....
    Sí, sí, me siento muy cerca de él.

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  22. He visto un par de veces la entrevista, y me parece que hasta donde me alcanza a entender (si tu francés es precario el mío, es becario, qué penica... ), pero bueno, el caso es que si te fijas, al principio dice que se propuso crear la unidad en expansión, el tiempo gastado en la vida, o cosa parecida, y que los números no son una obsesión, lo dice bien claro, sino su modo de exaltar este tema y que decidió poner un plazo manifiesto -ahí las pinturas- a su propia existencia.

    Lo del meteorito y la cola del cometa no lo he pillao, la verdad. Creo que dice que deja algo así como una estela con los cuadros, que se puede crear una obra estilo meteorito e impactar, o estilo cometa, como la suya.

    De todos modos yo la cosa la veo clara cuando dice que su finito, que su concepto de perfección sobre el finito, se define por el infinito -añade algo así como que el pensamiento es diabólico pero reflexivo-. Y luego habla del color de los cuadros y de por qué termina en blanco y tal, y lo relaciona con lo de los meteoritos, pero si no me he enterado de lo que dice antes sobre esto, pues figúrate. y el caso es que me parece a mí que le pillo el asunto, o eso quiero pensar, a saber. ¡Qué rabia da no entenderlo todo, joé! ¬¬

    En fin... es raro, supongo, no sé. Raro porque no hay otro que haya hecho cosa parecida con números y eso, además una cosa tan monótona -o todo lo contrario, según se mire- pero también lo dice en un momento determinado, que su obra es vanguardia, no la alegría de la vanguardia ¡XD!

    No sé, no sé... para mí que este hombre estaba más cuerdo que tú y que yo juntos, ¿eh? ¡XD!

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  23. Un personaje alucinante que bien podría haber estado en una novela. Efectivamente la frontera entre lo genial y lo patológico es sutil. Es posible, o probable, que le hubieran medicado, si hubiera ido al médico. Pero ¿qué más da? Me traen un poco sin cuidado los diagnósticos. Vivimos en la era de la psiquiatría. Espiritual? Sin duda, pero en un sentido diferente al que yo empleo. Ahora me dicen que yo con mi espiritualidad atea estoy "zapateando" a los creyentes. Lo que hace falta es un poco más de tolerancia, entender que puede haber gente diferente.

    Lo que si me parece dramático es que personajes como este solamente, o principalmente (por lo general), tengan algún reconocimiento después de la muerte. Este señor hubiera podido perfectamente estar en la más absoluta de las miserias, y ahora alguien hacerse rico vendiendo sus pinturas.

    Buena entrada y buen curso Joselu, un abrazo y a ver si un día nos tomamos una cerveza.

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  24. Lola, si el objetivo de una obra de arte, en este caso conceptual, es promover una emoción estética por medio de la meditación acerca del sentido, creo que Opalka lo ha conseguido con muchos de los que aquí nos hemos hecho presentes. El artista dice que su obra es un canto a la vida. Escribió cifras que han definido su vida hasta su muerte que quedó fijada en un número determinado. El latido del tiempo, la intensidad de cada momento están latiendo en cada número. No es una serie monótona de cifras sin sentido. Cada una es un instante que acompañaron a su corazón latiendo. Le doy y le doy vueltas y su consideración me produce sentimientos más y más intensos. Es curioso como a varios de nosotros nos ha conmovido espiritual, vital y emocionalmente su concepción de la obra artística como la de un universo en expansión desde la unidad hasta el infinito. Gracias por tu presencia, Lola.

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  25. V., estoy esperando a una amiga que es profesora de francés. Le pasaré la entrevista para entender todo su sentido, o al menos lo que pueda alcanzar. Lamento que no haya nada en castellano sobre Opalka. Si no hubiera sido por la necrológica de El País yo no hubiera sabido nada de su obra y de su vida. Suelo ir a ver exposiciones de arte contemporáneo. La mayoría de las veces me siento vacío y decepcionado. No abunda lo bueno, y España no es un buen lugar para ver arte contemporáneo de raíz conceptual. Más ahora con la crisis. Tenemos muchos museos de diseño pero no hay nada con que nutrirlos. Me hace pensar el arte conceptual, pero ya te digo que suele defraudarme. El problema es cómo distinguir al farsante del verdadero artista. En el caso de Opalka, muchos de los que hemos pasado por aquí nos hemos sentido conmovidos e interpelados por su obra. La emoción ha existido simplemente por la reflexión a que nos lleva. Esa es la raíz del arte conceptual, que no es tanto la realización de la obra en sí lo que tenemos que tener en cuenta sino la reflexión latente que la ha hecho nacer. Y la de Opalka propone algo fascinante que lleva desde la unidad hasta el infinito. Me gusta. Espero que me traduzcan la entrevista. Besos.

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  26. Manel (Frikosal), me sorprendieron algunos de los comentarios en tu entrada que daba lugar a interesantes reflexiones sin esos añadidos extemporáneos que relacionaban a Fray Luis de León (o a mí creí entender) con ZP. El tema se las traía. ¿Es posible una espiritualidad sin Dios? Para mí no cabe duda de que es posible. Sabes que me siento cerca del pensamiento budista (aunque sin ninguna concreción o militancia). En el budismo no hay distinción entre materia y espíritu, además de no necesitar a dios para nada. Su existencia queda en todo caso fuera de nuestro orden al que no podemos acceder, de modo que no podemos condicionar nuestra vida sobre algo que no podemos llegar a alcanzar. Nuestra vida es conciencia del ser. Por eso la obra de Opalka, así como sus reflexiones me parecen en sintonía con un universo simultáneamente (sin contradicción) entre lo material y lo espiritual. La raíz de sus reflexiones me interesan. Inmediatamente lo sentí en cuanto leí el artículo que recojo y enlazo. Este post me está produciendo una honda satisfacción porque se ha trabado un díálogo interesante al descubrirnos a varios de nosotros una obra desconocida que apunta al misterio, a la vida en expansión hacia el infinito (y en búsqueda de la unidad) Te escribo a tu correo para arreglar lo de la cerveza. Un fuerte abrazo.

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  27. Increíble ejercicio de voluntad y tesón a lo largo de toda su vida. Hay motivos sobrados para encumbrarlo o vituperarlo. ¿Tiene sentido su obra? Yo me siento tan lejano de una personalidad como la de Opalka que juzgarlo sería una temeridad por mi parte. ¿Dio sentido a su vida? Pues, bienvenido sea, pero yo sigo sin entenderlo, aunque mi vida esté llena de "humo de fuegos fatuos"...(últimamente les he tomado afecto a estas palabras tópicas)

    Un éxito tu entrada, como siempre.

    Un abrazo

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  28. Luis Antonio, deseaba tu comentario. Creo que en estas reflexiones sobre este artista que se van exponiendo revelan algo de nosotros. He hablado de Opalka en casa y la tendencia ha sido de no comprenderlo, pero teniendo en cuenta que vendió uno de sus lienzos por 900.000 €, no debía estar tan mal su dedicación. Al menos fue rentable dedicarse a escribir números… Los escribía también fuera de los lienzos en folios con rotulador creo, y dedicaba las noches a seguir escribiendo cifras. Me pregunto si mi vida tiene una pasión semejante dentro de mis limitaciones. Gracias por tus palabras, me gusta leerte y que vengas por aquí.

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  29. Si hay algo que identifica al genio del que no lo es, es que el genio hace cosas aparentemente anormales. La realidad le importa un bledo, porque no existe. El se construye su realidad que es la auténtica, y ahí es donde desparrama su arte o su filosofía o su lo que sea...
    Mi más sincera admiración hacia este artista al que no conocía.

    Una cosa, si ves que últimamente no publico es que estoy teniendo problemas para acceder a mi blog. Espero que se arregle pronto este fallo.

    Un abrazo, Joselu.

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  30. Miguel, te echaba a faltar. Espero que pronto puedas resolver tus problemas de publicación. Deseaba saber qué pensabas sobre Opalka, teniendo en cuenta que eres sensato pero que también tienes tu alma de creador y das relevancia a los sueños. Una pasión llevada hasta el final dota de sentido a una vida. Y fíjate que idea más extraña: escribir números en una secuencia cuyo final no se sabe pero que coincidirá con el final de la vida. Sorprendente pero profundamente simbólico y revelador. Quizás no haya expresado nada nuevo, nadie dice nada nuevo, pero lo ha planteado a su manera con una voluntad y claridad de ideas que nos lleva a muchos a la admiración. Un abrazo, Miguel.

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  31. Como iniciativa artística la encuentro válida, sin embargo, vitalmente la encuentro muy alejada de mí.
    Siempre ha aborrecido de las actividades monótonas y tediosas y me cuesta encontrar una actividad más aburrida que pintar cuadros como los de Opalka.
    Además me gusta pensar en el arte como algo creativo, y en este caso la creatividad parece que se circunscribe a la idea en sí de todo el montaje, que no deja de ser un instante frente a una obra que dura toda la vida, me parece desproporcionado.
    Sin embargo, respeto al artista y su obra, y que decidiera llevarla a cabo me parece valiente.
    También me parecen interesantes las cuestiones que suscita esta obra: qué es una obra de arte, la resistencia a la monotonía, el paso imperceptible y gradual del tiempo...
    En fin, el arte como siempre cuestionando.

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  32. Toro sentado, tiene fundamento tu objeción haciendo referencia a la monotonía de la actividad de escribir cifras durante 46 años. Yo imagino que para él tenía que ser no aburrido sino apasionante. Imagino un mantra tibetano que se repite favoreciendo la concentración y el estado contemplativo. No hay desemejanza mayor que comparar a Opalka con un Picasso que creó unas veinte mil obras en una actividad frenética y continua. No tengo claro sobre quién llegó más hondo. Se dice que Picasso era poco profundo, que no profundizaba en su lenguaje pictórico, sometiéndolo a cambios continuos. El arte contemporáneo plantea cuestiones que afectan a la naturaleza del mismo arte, de su valor, de su función, de su esencia… ¿Qué es arte? Es la pregunta clave. ¿Es arte una secuencia de números? ¿Por qué? ¿Tiene sentido dibujar números durante toda la vida cambiando únicamente el fondo sobre el que están escritos? ¿Qué hay detrás? Son interesantes las observaciones que he leído entre los comentaristas, a las que se añade tu aportación que tengo por muy válida y elocuente. Y sí, la naturaleza del arte conceptual es siempre cuestionable, pero el hecho que nos haga hablar, como hemos hecho, revela ya algo de su valor.

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  33. A mí también me ha conmovido la obra artística y vital de este señor. Pensar en ella me acerca a las mayores profundidades de mi pensamiento. A esos lugares en los que reina la incertidumbre y el dasasosiego.

    Sobre el punto obsesivo, patológico..., ¿no puede ser que ese carácter sea el único coherente y sensato ante una vida tan milagrosa e incierta? ¿No será que nosotros, los normales, vivimos a escondidas de las grandes dudas que nos atemorizan y así evitamos nuestros propios procesos obsesivos y patológicos?

    Yo me siendo obsesivamente cerca de Opalka.

    Un saludo, Joselu.
    Kikiricabra.

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  34. WWW.XMANDIOLA.COM

    ESTIMADOS AQUI UN ALMA GEMELA DE OPALKA.
    ES DE CHILE
    SALUDOS

    JUAN PABLO

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Es un tópico expresar que el valor de un blog reside más en los comentarios que recibe y en el debate a que da lugar, que en la entrada publicada que no es más que un punto de partida para dialogar e intercambiar puntos de vista, a veces radicalmente distintos.

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